Otro complemento que
llevamos las Damas Goyescas y creo que uno de los más vistosos y bonitos...
Con mi traje de
goyesca, y como es tradición, yo llevaré el pericón, este es un abanico de
grandes dimensiones, aparece por primera vez en el siglo XIX y va adornado con
encajes de bolillo o chantilly, forrados, pintados... El mío va pintado a mano
por una gran artista y rematado con encajes, ha quedado precioso, la idea que
yo tenía la ha sabido plasmar perfectamente, estoy muy contenta con el
resultado. Os lo voy a enseñar cerrado, al igual que otros abanicos que voy a
llevar en estas fiestas, quiero que sea una sorpresa hasta el día que los
lleve, entonces si los veréis todos abiertos. Espero que os gusten!
El abanico es uno de
los complementos que llevaremos con todos los trajes que vamos a lucir,
goyesca, flamenca, mantilla... A mí me encantan, es más desde hace años
colecciono abanicos, además de tenerlos en un mueble de cajoncitos, tengo
abanicos repartidos en todos los cajones de casa.
Hay muchas historias
y anécdotas sobre ellos a lo largo de la historia, algunas como estas que os
relato a continuación y que he encontrado buscando en internet...
"Los abanicos
desempeñaron un papel muy importante en la historia del coqueteo. "El
lenguaje del abanico", que ya en los tiempos de los Tudor se desarrolló en
Inglaterra, se hizo especialmente popular entre las mujeres victorianas de
clase media-alta.
Como veremos más
adelante, el abanico tenía su propio lenguaje. Al amparo de un abanico se
hacían confidencias y también era posible utilizarlo para dar ánimos a un
pretendiente tímido. Una dama que se preciara no llevaba dos veces el mismo
abanico a una fiesta.El escritor inglés del siglo XVI, Joseph Addison declaró: Los hombres tienen las espadas, las mujeres el abanico, y el abanico es, probablemente, un arma igual de eficaz.
El escritor del siglo
XVIII, Julio Janin, asombrado ante la versatilidad del abanico en manos de una
mujer, dijo: "Se sirven de él para todo; ocultan las manos, o esconden los
dientes tras su varillaje, si los tienen feos; acarician su pecho para indicar
al observador lo que atesoran; se valen también de él para acallar los
sobresaltos del corazón, y son pieza imprescindible en el atavío de una dama.
Con él se inicia o se corta una historia galante, o se transmiten los mensajes
que no admiten alcahuete".
La reina Luisa de
Suecia instituyó la Real Orden del Abanico.
La reina Isabel de
Farnesio dejó al morir una colección de más de mil seiscientos abanicos.
La
célebre cortesana Minón de Lenclós hacía pintar sus abanicos de las más
ingeniosas maneras. Incluso tenía uno con pequeñas lentes con las que, a modo
de lupa, conseguía acercar las imágenes.
La
Marquesa de Pompadour dio su nombre a una gama de abanicos de varillaje
pintado.
La
reina María Antonieta los regalaba a sus más íntimas amigas.
La
reina Catalina de Médicis podía perfumar sus abanicos para uso particular o
incluso encargaba a sus perfumistas preparaciones especiales para ocasiones en
las que necesitara sus efectos, pudiendo contener efluvios exquisitos o filtros
y venenos misteriosos de los que conocía el secreto y tenía la experiencia
según se dice."
En
las tertulias de la Generación del 27, se usaban los abanicos, de ahí que se
considerara un símbolo de intelectualidad.
Actualmente existen en España dos talleres de este complemento, uno en Cádiz y otro en Aldaya (Valencia) que exportan a todo el mundo.

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